Ya que la formación no siempre nos dice que hacer en estos casos, en que nos enfrentamos a la doble responsabilidad, de ser colaboradores y al tiempo jefes, puede ser bastante valido aplicar el antiguo precepto egipcio de "Haz por aquel que puede hacer por ti, de modo que le induzcas a obrar igual"(1). Es decir, en nuestro estilo de liderazgo, podemos actuar del modo que esperamos que nuestros colaboradores actúen, consiguiendo aportar positivamente a la creación de la cultura organizacional con los valores que deseamos como iniciativa, proactividad, lealtad y honestidad.
Leyendo al respecto, he encontrado algunos consejos básicos para ser buenos colaboradores que me parece interesante resumir, pues a través de mi experiencia laboral he podido constatar que además de ser valorados por la alta dirección, ayudan a mejorar la propia gestión.
- Presentar los problemas que se deben resolver, de manera clara, selectiva, priorizada y a tiempo, así mismo acompañados siempre por alternativas de solución efectivas, sin temor a que la opinión propia contradiga la del superior o pueda ser ignorada por éste.
- Ayudar a tomar decisiones a la alta dirección en función de los objetivos del negocio y no del propio. El análisis que hagamos de las implicaciones que tienen esas decisiones de la organización en nuestros propios objetivos, nos brinda los argumentos para tomar nuestras propias decisiones en concordancia.
- Ser capaces de responder todas las preguntas del jefe, relacionadas con el negocio y de las cuales se posea respuesta, incluso aquéllas que merecen una contestación incómoda para el jefe. Así mismo, ser capaces de explicar el porque no se tiene la respuesta a alguna pregunta, sin caer esto en las excusas.
- Dar respuestas con base en información procesada, apoyadas en datos, con opiniones propias y argumentadas. Nuestro superior no tiene por qué saber de todo, y menos ser experto en materias en que nosotros si lo somos, pero debemos tener la suficiente capacidad para justificar nuestras ideas.
- Ser sincero, profesional y leal con la empresa, el jefe y el quipo de trabajo, clara muestra de esto es la capacidad de reconocer el grado de responsabilidad en los errores cometidos, y siendo consecuentes con el punto 1, plantear las soluciones pertinentes.
Algunos de estos consejos pueden parecer difíciles de aplicar, especialmente en organizaciones rígidas, con jefes tóxicos, donde la confianza no es la base de la comunicación, sin embargo creo que siempre valdrá la pena aplicarlos, particularmente lo que se refiere a defender nuestras ideas, pues igual si no llegan a ser valoradas, además de la satisfacción de haber dado lo mejor de nosotros, siempre nos quedaran alternativas…muchas mas empresas y muchas mas ideas.
Por ultimo quisiera poner como ejemplo una muestra sutil y contundente de defender las ideas, es la de Bertuccio, mayordomo de Edmond Dantes, también conocido como el Conde de Montecristo. Un día, subalterno y superior caen en una eventual demencia y este último dice: “Uno de los dos debe estar loco”, a lo que el subalterno con elegancia respondió “El señor no iba a contratar a un mayordomo demente”.
(1) Antiguo Egipto: El Cuento del Campesino Elocuente, 109-110, según la traducción inglesa de R. B. Parkinson. El original data de 1970-1640 A.C., y puede ser la primera versión puesta por escrito.
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